jueves, 8 de enero de 2015

Perdernos por la carretera.

Pueblitos mágicos para pasear mientras los gatos descansan tranquilamente en las calles empedradas, unas cuantas vacas en los potreros que nos miran de reojo. Encontrar un lugar especial para la cena, y que me invites. Sentirnos elegantes e intentar descifrar el idioma de los turistas que beben vino en la mesa de al lado. 
Lejos del ruido de la ciudad, de las rutinas, del gris que lo engulle todo. . .Así nos fuimos. Llegamos a nuestro destino  en mitad de las montañas y pasamos la tarde respirando tranquilidad, olor a chimeneas y a chocolate caliente, en mesas de madera al aire libre, paseos preciosos  a la orilla de la carretera. Haciéndonos soñar y volar muy lejos. Me hacía falta la calma, rodearme de paisajes bonitos, de colores de otoño. Es que a veces está bien que entre tantas vueltas haya algo que dé un poco de equilibrio, y que haga que las canciones tristes quizá no lo sean tanto, y sólo te traigan recuerdos bonitos, de los que vivirías a cámara lenta varias veces al día. Tal vez es que todo se mira distinto cuando tienes quien caliente tus manos mientras paseas bajo atardeceres de colores. Que hay imágenes que te hacen sonreír mientras ves una peli tranquilamente en la parte alta de una montaña, aunque  la niebla se filtre  por la nariz. Hay ganas que creer de a poquito y te sorprenden sin querer. Y supongo que mientras exista algo de eso la magia no se extinguirá del todo, y mis ojos no se cansarán de seguir descubriendo mundos paralelos junto a otros ojos. Disfrutar las pequeñas cosas, siempre dicen que es lo más importante. El resto sólo ira viniendo poco a poco. Pero para entonces ya sabremos qué hacer.
Y así, sucesivamente, escapando a lugares donde siempre sea verano, Prolongando el último café del día y luego volver a casa. Abrir los ojos a medianoche sin ningún motivo, pero luego descubrirlo.




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domingo, 9 de marzo de 2014

La vida que sigue

Ya llegué. Acá estoy; donde quería estar, donde ansiaba llegar. Hoy me muestro de pie y cómodo sobre la cima de la montaña que a lo largo de todos estos años me construí. Me siento mayor. Me siento más yo.

Ahora estoy en este mundo donde yo sé que sé y puedo defender mis ideas. Pero rodeado de ese otro mundo que temo me consuma, me apriete y desintegre. Tengo un mundo detrás, un largo camino recorrido y otro mucho más amplio y difícil por delante. Tengo un mundo bajo mis pies y otro sobre mi cabeza. Tengo las ganas. Tengo los colores y el silencio. Tengo los sueños y las preguntas. Tengo el valor.

Llegué al punto en que me sueltan las manos, me liberan un poco más las alas. Donde no encuentro la comida servida en la mesa, y el chocolate  me lo tengo que preparar  yo mismo. Llegué al punto en que el camino está lleno de bifurcaciones y yo decido para dónde dar el paso. Y a quién llevar conmigo. Y de qué modo.

Acá es donde se decide cómo ser feliz, cómo avanzar, cómo crecer (o no crecer). Acá se elige por qué llorar o por qué reír. Acá aún ensanchamos el pecho, a veces nos ponemos un escudo protector y otras salimos casi desnudos. Pero salimos. Y seguimos. De la mano de alguien, o con un alma volando al lado en forma de globo. Con papelitos en los bolsillos o con el sabor del café en la boca. Acá estamos, acá seguimos, acá miramos para adelante. Acá sonrío, siempre sonrío. Por las almas que me abrazan, por las letras que me explotan, por lo que fui, por lo que no va a volver. Por tantas burbujas, por tanto azul, por los soles y aquella luna. Por el verde, por el aire, por esos ojos (tristes) y por la paz que me habita. Por tanto y por tan pocos años en la espalda. Acá se sonríe. Sin tanto miedo y con más libertad. Con más soltura.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Después de todo, y recordando una hermosa canción, las cosas que se anhelan no siempre se consiguen. Tal vez, las que ni pensamos son las más importantes. Porque recaen sobre nosotros como un bálsamo de verdad, antídoto infalible contra la falta de humanidad. Todo es más sencillo de lo que pensamos, y de alguna manera enredamos las cosas pensando en lo que pueda pasar. Queriendo cubrir todas las posibilidades. 

martes, 25 de junio de 2013

Camino por una calle que ya casi aprendí de memoria. Nos abrimos paso entre la multitud. La gente habla muy fuerte, camina muy apurada. ¿A dónde llegan tarde? ¿Qué tan grave puede ser?
Esta es la hora en la que una parte del planeta  amanece y la otra anochece. Una mitad abre los ojos, planea el nuevo día, se toma un café, se levanta con el pie derecho. La otra parte se arrastra por un pasillo, se tambalea, suspira y cae de un golpe sobre un colchón.

Esta es la hora clave, es el punto en el que la ciudad pende de un hilo, y yo también.
A esta hora yo siempre suspiro, cierro los ojos, me lleno de aire, y busco los primeros rayos que me acompañen , que me acaricien el viaje. Un viaje en tren que me llevara a mi lugar de trabajo. pero antes de esto, despido a las estrellas que se apuran en partir, y a veces hasta me hace compañía la luna.

jueves, 20 de junio de 2013

Camino por una calle que ya casi aprendí de memoria. Nos abrimos paso entre la multitud. La gente habla muy fuerte, camina muy apurada. ¿A dónde llegan tarde? ¿Qué tan grave puede ser?
Esta es la hora en la que una parte del planeta  amanece y la otra anochece. Una mitad abre los ojos, planea el nuevo día, se toma un café, se levanta con el pie derecho. La otra parte se arrastra por un pasillo, se tambalea, suspira y cae de un golpe sobre un colchón.

Esta es la hora clave, es el punto en el que la ciudad pende de un hilo, y yo también.
A esta hora yo siempre suspiro, cierro los ojos, me lleno de aire, y busco los primeros rayos que me acompañen , que me acaricien el viaje. Un viaje en tren que me llevara a mi lugar de trabajo. pero antes de esto, despido a las estrellas que se apuran en partir, y a veces hasta me hace compañía la luna.

domingo, 16 de junio de 2013

Esto es como si pudiésemos latir a la misma vez, es un segundo de paz, con la luna y el cielo estrellado  de testigos. Como cuando el mundo deja de marearnos y podemos sentarnos a respirar. Como cuando todo está bien, y sino, soñamos que lo está, y lo repetimos tantas veces que se hace magia. A veces esos días ocurren, a veces me estalla el corazón sin romperse. 

jueves, 25 de abril de 2013

Estuve por muy largo tiempo muerto. Y una vez que muero es como si me olvidara de casi todo lo aprendido, como si de repente me quedara vacío y tuviera que volver a empezar casi todas las cosas.
La sensación es algo extraña, parecido a una enfermedad, parecida a la ceguera, parecida a una cadena muy pesada que empezó a apoderarse de mí. Muy de a poquito, claro, sino me habría dado cuenta antes y hubiese corrido... a donde ? No lo sè , pero no. Muy despacito empecé a ver cada vez menos luz. Nunca me di cuenta que los días eran más grises y más cortos. En realidad, los días se acortaban y las noches eran más largas. Mis ojitos se achicaban, ya no se encandilaban en las mañanas, ni veían los colores  brillantes. Yo creía que el mundo se estaba haciendo horrible, se estaba enfermando aun más, pero en realidad era yo . Hasta que un día grité de la impotencia. Grité muy fuerte porque ya no aguantaba màs. Grité hasta que me oyeron, hasta que lo asumí y decidí buscar una solución.
Fue entonces que después de un tiempo, me di cuenta que la vida estaba cerca y podía encontrarla al doblar una esquina cualquier mañana mientras voy a trabajar , en la mirada fija de un gato, en un pajarito de pecho amarillo. Empecé a encontrar la vida en la gente que me mira mientras camino, en las arrugas de una señora, en el corte de pelo de algún muchacha, en el nudo de la corbata de un desconocido. La vida estaba ahí, estaba tan cerca, ¡tan al alcance de la mano!
Ahora la sensaciòn es como resucitar, o al menos  se siente un poco así, es como volver a aprender, soplar el polvo que habita sobre los estantes, abrir los ojos otra vez y decidir volver. Realmente decidirlo.
 
Debo confesar que no fue nada fácil. Dormí muchos días seguidos, temblé, lloré, sangré, grité, me dolio y me rompí un par de nudillos.  Hoy en mañana desperté con un rayo de luz intensa que entraba por mi ventana. Esta es la señal que me hizo  decidír enfrentar el mundo otra vez. Y me dijo  que La luz todavía existía y venía a despertarme, como antes, como siempre, como la de los amaneceres de verano, así, tal cual. Empecé a ver los colores otra vez. El cielo ya era más azul.  De a poco, caminando despacio, sin entrar en lugares muy ruidosos porque me podria marear fácilmente… así me volví a acercarme  a las cosas que  me hacían antes tanto bien. Desde acá aprendo a vivir otra vez, esta vez. Ahora soy yo. Soy un río que fluye, soy la brisa que sopla, y soy muchas cosas más. Puedo sentir mi cuerpo otra vez y puedo caminar sin tambalearme, sin chocarme con las paredes.
Volví a las letras, volví a la música, a los colores y a las luces. Vuelvo, de a poquito, todavía estoy volviendo. Metiendo en mi mochila todo lo que voy a necesitar. Es hora de volver a caminar, de rodar, de avanzar

jueves, 18 de abril de 2013

Más luz

Hoy el mundo ha vuelto a ser mío. He sabido reír hasta sacudir el polvo que había penetrado mis entrañas. A carcajadas y enormes bocanadas renové por completo el aire estacionado que me habitaba. Me iluminé, ensanché el pecho y me paré firme y de pie ante la brisa. Hablé con voz fuerte y sentí varios ojos clavarse en mí. Unos que me dieron mensajes sin vacilar y otros que de reojo trataban de esconderse. Mis ojos se abrieron enormes y buscaron lo que querían. Observaron y penetraron. Dijeron y gritaron. Rieron.

Hoy me he vuelto a llenar de luz y supe compartirla. No sé muy bien el motivo, pero es ahora lo que menos importa. La luz (mi luz) ha vuelto. Tal vez sea la primavera.

No hagamos tantas preguntas, vivamos. No quiero tantas explicaciones. Quiero más miradas sostenidas, voces claras, risas en abrazos y carcajadas con luz. Más luz.