sábado, 4 de julio de 2015

Un solo corazón es el que late

De a poco, acostumbrado, voy aceptando que los libros, esos lugares donde solíamos ir, las palabras y  las canciones  quedan en mi. Tan solo en mi. Y está bien, porque las guardo en mi mente y en mi boca. Quedan en mí y quizás un poco en vos. Que sin notarlo te las llevás puestas a todos lados. 
Quedará la historia, destiñendo caricias envueltas en consejos, abrazos concentrados en una tarde. Tal vez me enamoro de los corazones dañados. Si eso se traduce en sanarlo un poco, que valga la ilusión quebrada entonces. Al menos que valga en vos.
Te darás cuenta, si una tarde cualquiera te atravesará la idea por la mente, dejándote perpleja y a la vez asintiendo como si siempre lo hubiese sabido. Me pregunto en qué quedarán las palabras que te dedico, si las recordás, si me recordás. O tal vez se las dediques a alguien más, traduciendo mis sentimientos en los tuyos, pero desviando el destinatario.
Y si la vida se corrompe, que me avise. Que la estaré encaminando una y otra vez mientras me quede aire, mientras me lleve el viento, mientras me mece suave. Emulando las caricias, imitando su voz en mis poesías,en mis canciones irradiando los rincones de tu paz. De la mía.

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