Paremos un poco, detengámonos y asomémonos a la ventana, sea de tu casa o del colectivo, o en el semáforo de esa esquina que pasas todos los días. Paremos. Y mirá hacia arriba, a las nubes que son fiel testigo de tu día a día, al Sol que te acaricia por las mañanas mientras vos entrecerrás los ojos. A aquellos pájaros volando en V hacia algún lugar.
Paremos y contemplemos, por un instante, el cielo que nos abarca. Y decime si eso no te da paz.
1 comentario:
Al mirar hacia el abismo de la bella naturaleza, encontramos nuestro reflejo. Allí está la paz.
Gracias...
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