Extraño mi libertad incondicional. Extraño salir una tarde y encontrarme con 3 amigos distintos en un mismo día. Extraño ir de acá para allá y que nadie pregunte. Extraño esa acampada, no tanto por el lugar, sino por la gente que me acompañaba siempre, por los rituales previos, por ir caminando, esperar a los otros en la puerta, bailar, conocer, volverse caminando con el sol en la cara y la sonrisa brillando.
Extraño que sean las 6 de la mañana y estar plácidamente, terriblemente cansado pero tan feliz que no importa. Extraño que ella me trate bien (hoy). Extraño no tener que dar explicaciones por todo. Extraño caminar por la calle de noche, sin rumbo. Extraño terminar noches desayunando. Extraño las llamadas telefónicas diarias, de horas (sobre el mismo tema) y extraño sus cafés. Extraño a mi otra amiga la que está estudiando todo el día. Extraño eso que quisiera hacer.
Extraño subir a una buseta en la noche, para ir o volver de algún lado (generalmente ir) donde nadie sabía que estabas. Te extraño. Extraño tener ganas de llorar por estupideces (cuando los motivos reales aparecen, uno llora y no tiene más ganas, simplemente llora).
Extraño juntarme con ellos o ellas cualquier noche en cualquier casa y sentir que no hay nada en el mundo que te afecte (sobre todo estas vacaciones). Extraño que mi mamá me sonría y esté genuinamente feliz por mí. Extraño tener ganas de tocar el bajo (porque voy a aprender a tocar el bajo) todo el día. Extraño las juntadas y salidas con toda esa gente que me hace bien. Extraño el secreto, el que nadie supiera nada. Extraño la inexistencia de miradas juzgadoras y de silencios incómodos. Extraño la confianza de mi mama.
Extraño tomar café con leche con mi tía. Extraño tener ganas de hablar horas y horas con alguien, simplemente por hablar, por sonreír. Extraño tener ganas. Extraño la satisfacción de sentirme útil o de ayuda para alguien. Extraño. Mi vida.
jueves, 3 de enero de 2013
miércoles, 12 de diciembre de 2012
El buen perdedor
Lo primero es no tratar de entender porqué se pierde.
No es importante: un buen perdedor sabe que nunca sabrá lo que hizo mal y, si lo supiera, poco importaría pues uno sólo puede hacer una y otra vez eso que hace, eterna e irremediablemente. De otra forma, uno no sería uno y sería tal vez el almacenero de la esquina, un instructor de esquí o corredor de bolsa.
Lo segundo es hacer todo lo posible por entender cabalmente, ahora sí, que se ha perdido algo. No hace falta ponerse melodramático, es posible tomarse una pérdida como un café por la mañana, ese que nos despierta del sueño. Tómeselo en serio pero nunca se lo tome a pecho: perder, lo que se dice perder, perdemos todos. La calle está llena de perdedores y de cosas perdidas que nadie reclama, los bolsillos se acostumbran a ciertas faltas y las manos, tarde o temprano, también.
Sepa que lo que se le ha perdido no volverá porque es imposible recuperar intacto un olor, un momento, una sensación. Perder es, de alguna manera, firmar un contrato con el tiempo, uno en donde alegamos saber que él siempre pasará y que, en ese sencillo acto de transcurrir, ya se habrán perdido cosas. Los calendarios y los relojes son máquinas de ir perdiendo.
El buen perdedor puede estar triste: saber perder no implica hacerse un nudo la pena y caminar anestesiado sin sentir ni el viento que despeina. Un buen perdedor se entristece porque la tristeza es la plena conciencia de la irreparable naturaleza de su pérdida. Lloriquea, berrea y maldice porque así es como se expresa la falta y el fracaso. Ocurre que es un perdedor en el gran sentido de la palabra, porque ha sido derrotado y porque se quedó sin algo, algo perdió, hay algo que ya no tiene.
No se consuela pensando en que hay muchas cosas que ganó. Chocolate por la noticia, claro que sí, pero eso no importa. Ningún perdedor piensa en eso, la lista de lo ganado suele ser corta, trivial y totalmente vana a la hora de lo perdido. Para un buen perdedor sólo existe lo perdido y pensar en el vaso medio lleno sería como faltarle el respeto a ese dolor que tanto lo aqueja, el mismo que una vez fue intento, el que fue amor y empeño en cuidar lo ahora perdido.
Por eso es que no hace tratos hipócritas con la alegría. No se cree ni por un minuto eso de distraer su nube negra con licores y carcajadas. Por mucho que le encanten, por más que la felicidad haya sido siempre su deseo más viejo y menos secreto, el perdedor que acaba de perder no puede dedicarse a ella.
Sabe muy bien que perder algo es no encontrarlo más allá donde solía estar, y que eso quiere decir que hay un lugar vacío, que hay un hueco en alguna parte. Y piensa que, aunque más no sea por honrar a esa persona que era antes de haber perdido, no puede ni debe creerse el cuento de la curita feliz. Al fin y al cabo, el buen perdedor es una persona con algo de mundo encima y entiende que toda pérdida (buscada o involuntaria) es, en definitiva, una ausencia, y que ninguna ausencia debería pasar desapercibida en la vida de nadie.
Entiende que no es tan trágico, que hay cosas que se le pierden a él sin que eso implique que se le pierdan al mundo. Intenta sentirlo todo en su justa medida y piensa en lo que se ha perdido en su mundo, en lo que le falta. No le importa saber que perder no es como matar o morir. Él sabe que, mientras tanto, también hay cosas encontrándose constantemente, porque así es como se mueve el mundo, esos son los cambios que nos hacen girar, que nos hacen vibrar.
Lo cierto es que lo que se ha perdido, perdido quedará. Buscarlo ya no es una opción.
Y ésa es la dura realidad a la que todo buen perdedor termina por enfrentarse.
Le duele en el alma, porque es una persona que no sabe casi nunca 'hacer como si nada', pero no puede más que sacudirse el mal tiempo y tratar de perder como el mejor.
El buen perdedor hace lo posible por no seguir perdiendo. Por eso se ata, bien atada, la cordura, las certezas, los buenos sueños. Perder le sirve para abrazarse a lo imperdible, para distinguir lo que, de faltar, le quitaría el oxígeno, y para convencerse de que a veces es mejor perder que perderse.
Un buen perdedor es, por horas, una canción y una cachetada, es un beso amargo, es una puñalada que acaricia. Es una mezcla de cosas que no se acomodan, hasta que por fin se acomodan. Es un espacio indefinido, como las mismas ausencias, que con tanta fuerza está aún cuando no está en ningún lado.
El buen perdedor es un caos porque así es como se aprende a perder.
Y después del caos, es una lluvia finita, una hoja blanca y un día sin estrenar.
No es importante: un buen perdedor sabe que nunca sabrá lo que hizo mal y, si lo supiera, poco importaría pues uno sólo puede hacer una y otra vez eso que hace, eterna e irremediablemente. De otra forma, uno no sería uno y sería tal vez el almacenero de la esquina, un instructor de esquí o corredor de bolsa.
Lo segundo es hacer todo lo posible por entender cabalmente, ahora sí, que se ha perdido algo. No hace falta ponerse melodramático, es posible tomarse una pérdida como un café por la mañana, ese que nos despierta del sueño. Tómeselo en serio pero nunca se lo tome a pecho: perder, lo que se dice perder, perdemos todos. La calle está llena de perdedores y de cosas perdidas que nadie reclama, los bolsillos se acostumbran a ciertas faltas y las manos, tarde o temprano, también.
Sepa que lo que se le ha perdido no volverá porque es imposible recuperar intacto un olor, un momento, una sensación. Perder es, de alguna manera, firmar un contrato con el tiempo, uno en donde alegamos saber que él siempre pasará y que, en ese sencillo acto de transcurrir, ya se habrán perdido cosas. Los calendarios y los relojes son máquinas de ir perdiendo.
El buen perdedor puede estar triste: saber perder no implica hacerse un nudo la pena y caminar anestesiado sin sentir ni el viento que despeina. Un buen perdedor se entristece porque la tristeza es la plena conciencia de la irreparable naturaleza de su pérdida. Lloriquea, berrea y maldice porque así es como se expresa la falta y el fracaso. Ocurre que es un perdedor en el gran sentido de la palabra, porque ha sido derrotado y porque se quedó sin algo, algo perdió, hay algo que ya no tiene.
No se consuela pensando en que hay muchas cosas que ganó. Chocolate por la noticia, claro que sí, pero eso no importa. Ningún perdedor piensa en eso, la lista de lo ganado suele ser corta, trivial y totalmente vana a la hora de lo perdido. Para un buen perdedor sólo existe lo perdido y pensar en el vaso medio lleno sería como faltarle el respeto a ese dolor que tanto lo aqueja, el mismo que una vez fue intento, el que fue amor y empeño en cuidar lo ahora perdido.
Por eso es que no hace tratos hipócritas con la alegría. No se cree ni por un minuto eso de distraer su nube negra con licores y carcajadas. Por mucho que le encanten, por más que la felicidad haya sido siempre su deseo más viejo y menos secreto, el perdedor que acaba de perder no puede dedicarse a ella.
Sabe muy bien que perder algo es no encontrarlo más allá donde solía estar, y que eso quiere decir que hay un lugar vacío, que hay un hueco en alguna parte. Y piensa que, aunque más no sea por honrar a esa persona que era antes de haber perdido, no puede ni debe creerse el cuento de la curita feliz. Al fin y al cabo, el buen perdedor es una persona con algo de mundo encima y entiende que toda pérdida (buscada o involuntaria) es, en definitiva, una ausencia, y que ninguna ausencia debería pasar desapercibida en la vida de nadie.
Entiende que no es tan trágico, que hay cosas que se le pierden a él sin que eso implique que se le pierdan al mundo. Intenta sentirlo todo en su justa medida y piensa en lo que se ha perdido en su mundo, en lo que le falta. No le importa saber que perder no es como matar o morir. Él sabe que, mientras tanto, también hay cosas encontrándose constantemente, porque así es como se mueve el mundo, esos son los cambios que nos hacen girar, que nos hacen vibrar.
Lo cierto es que lo que se ha perdido, perdido quedará. Buscarlo ya no es una opción.
Y ésa es la dura realidad a la que todo buen perdedor termina por enfrentarse.
Le duele en el alma, porque es una persona que no sabe casi nunca 'hacer como si nada', pero no puede más que sacudirse el mal tiempo y tratar de perder como el mejor.
El buen perdedor hace lo posible por no seguir perdiendo. Por eso se ata, bien atada, la cordura, las certezas, los buenos sueños. Perder le sirve para abrazarse a lo imperdible, para distinguir lo que, de faltar, le quitaría el oxígeno, y para convencerse de que a veces es mejor perder que perderse.
Un buen perdedor es, por horas, una canción y una cachetada, es un beso amargo, es una puñalada que acaricia. Es una mezcla de cosas que no se acomodan, hasta que por fin se acomodan. Es un espacio indefinido, como las mismas ausencias, que con tanta fuerza está aún cuando no está en ningún lado.
El buen perdedor es un caos porque así es como se aprende a perder.
Y después del caos, es una lluvia finita, una hoja blanca y un día sin estrenar.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Una burla del destino
"Estar contigo es saber que puedo cerrar los ojos cada vez que lo necesite, que cuando los abra seguirás dispuesta a mirarme como si fuésemos el centro del mundo. Que sabes cuando necesito estar solo y tragarme las lágrimas, que a veces las cosas no son fáciles, que los muros se echan encima del castillo y ni siquiera quedan ventanas por las que trepar.
Que a veces voy cerrando puertas a mi paso sin importar todo lo que quede fuera. La vida me ha enseñado que nunca sabes cuando vas a perder a alguien, que no existe forma alguna de prepararse para eso, que hay algunas cosas que el tiempo no cura, solo las entierra para que salgan cuando menos lo esperas. Que ahora que estás aquí todo es mucho más dulce, y hay tantas ventanas abiertas y tantas cosas bonitas por disfrutar que el solo hecho de pensarlo dos veces asusta más que nada en el mundo. Y es cuando vuelvo a encerrarme otra vez, sin saber por qué ni como salir. Pero sé que mis pasos están aquí, muy cerca de los tuyos, por algo.
Y espero que se queden el tiempo suficiente para demostrarte que te quiero, y que aunque queden monstruos viviendo al otro lado de la cama, ya hemos matado tantos que puedo dormir sonriendo (aunque no siempre sea el que más haga). Que si tu estás dispuesta a luchar, yo te sigo. Que yo también puedo matar monstruos por ti, solo si tu me dejas."
Que a veces voy cerrando puertas a mi paso sin importar todo lo que quede fuera. La vida me ha enseñado que nunca sabes cuando vas a perder a alguien, que no existe forma alguna de prepararse para eso, que hay algunas cosas que el tiempo no cura, solo las entierra para que salgan cuando menos lo esperas. Que ahora que estás aquí todo es mucho más dulce, y hay tantas ventanas abiertas y tantas cosas bonitas por disfrutar que el solo hecho de pensarlo dos veces asusta más que nada en el mundo. Y es cuando vuelvo a encerrarme otra vez, sin saber por qué ni como salir. Pero sé que mis pasos están aquí, muy cerca de los tuyos, por algo.
Y espero que se queden el tiempo suficiente para demostrarte que te quiero, y que aunque queden monstruos viviendo al otro lado de la cama, ya hemos matado tantos que puedo dormir sonriendo (aunque no siempre sea el que más haga). Que si tu estás dispuesta a luchar, yo te sigo. Que yo también puedo matar monstruos por ti, solo si tu me dejas."
viernes, 16 de noviembre de 2012
No dejes de hacer sonido tu vos
Al igual que hace un tiempo para acá todas tus palabras fueron leídas, por que de un tiempo para acá solo leo, solo observo, me es difícil enfrentarme a la hoja vacía.
Espero que el orgullo y el egoísmo nunca toquen este encuentro y por el contrario que las visitas sean esa gran espera de todas las mañanas frías y de las cálidas también.
Y...
Ahora por favor no dejes de hacer sonido tu vos.
jueves, 8 de noviembre de 2012
A Abdolah
Querido, leído y recién conocido (como autor recomendado), Kader. Encontrar un buen libro en estos tiempos de tanta basura editorial, es como encontrar una perla en la boca de una marmota (piedra y animal escasos).
Y su libro, El reflejo de las palabras , es excepcional, una de esas piezas raras que cada tanto llega y corre casi que de manera subversiva, pues carece de marketing y no ampara ningún interés particular. Por eso supe de usted a través de una recomendación que me hizo alguien a la que solo le gustan las cosas bellas (lo que incluye espacios, momentos y relaciones) y por ello evita lo grotesco, lo morboso y la mentira.
Todavía hay gente así y esto es una suerte. Hay mucho territorio seguro para estas personas. Y sí, leí su libro, me asombré y aprendí de cosas que no sabía: que puede existir un hombre que no entiende el tiempo, que lo mejor para resistir los totalitarismos es darse a los asuntos de la casa, que la vida es simple.
El personaje de su libro es el padre. Y si bien en los últimos días algunos escritores han hablado de sus padres (Reinaldo Spitaletta en El sol negro de papá ; Héctor Abad en El olvido que seremos ), en usted esa figura es otra: es un padre sordomudo que escribe en caracteres cuneiformes, que sabe de efectos pero no de causas y que asume el vivir por lo más elemental (el momento o, en términos de Fernando González, las presencias).
Y con el que se debe hablar por señas mientras la historia de Irán va de Reza Kan el modernizador hasta Jomeini, que muere luego de ponerse un manto negro. Y en esta historia de totalitarismos, persecuciones, gente amparada en la presencia de D's y desaparecidos, la vida fluye de la manera más simple: rezos, paisajes, el horno de pan.
Es claro que en el mundo pasan cosas y esto que sucede es más atroz debido al lenguaje con el que se nombran y definen, que cuando no esconde deforma. Con la destrucción del lenguaje comienza el fin de los tiempos, decía Karl Kraus en Die Fackel (la antorcha). La función del lenguaje es nombrar debidamente la cosa nombrada, definirla, unirla a otras cosas. Pero esto hoy no pasa.
Por eso me gusta su padre sordomudo, Kader Abdolah, porque a él no le llegó la deformación del lenguaje, el caos de las contradicciones, las palabras que escondían otras.
A este hombre, que se nombraba Akbar, hubo que hablarle por señas, mientras él miraba a la boca y a los ojos. Y fue imposible mentirle. Quizá esta sea la metáfora de su libro: no más palabras. Gestos.
Kader Abdolah (su nombre real es Hossein Sadjadi Ghaemmadami Farahani) es físico de la universidad de Teherán y en la actualidad vive, en calidad de exilado, en Holanda; en un pólder. La física lo llevó al lenguaje poético y de aquí a la vida como deber ser; exacta. Huyó del totalitarismo y de los dioses políticos
Y su libro, El reflejo de las palabras , es excepcional, una de esas piezas raras que cada tanto llega y corre casi que de manera subversiva, pues carece de marketing y no ampara ningún interés particular. Por eso supe de usted a través de una recomendación que me hizo alguien a la que solo le gustan las cosas bellas (lo que incluye espacios, momentos y relaciones) y por ello evita lo grotesco, lo morboso y la mentira.
Todavía hay gente así y esto es una suerte. Hay mucho territorio seguro para estas personas. Y sí, leí su libro, me asombré y aprendí de cosas que no sabía: que puede existir un hombre que no entiende el tiempo, que lo mejor para resistir los totalitarismos es darse a los asuntos de la casa, que la vida es simple.
El personaje de su libro es el padre. Y si bien en los últimos días algunos escritores han hablado de sus padres (Reinaldo Spitaletta en El sol negro de papá ; Héctor Abad en El olvido que seremos ), en usted esa figura es otra: es un padre sordomudo que escribe en caracteres cuneiformes, que sabe de efectos pero no de causas y que asume el vivir por lo más elemental (el momento o, en términos de Fernando González, las presencias).
Y con el que se debe hablar por señas mientras la historia de Irán va de Reza Kan el modernizador hasta Jomeini, que muere luego de ponerse un manto negro. Y en esta historia de totalitarismos, persecuciones, gente amparada en la presencia de D's y desaparecidos, la vida fluye de la manera más simple: rezos, paisajes, el horno de pan.
Es claro que en el mundo pasan cosas y esto que sucede es más atroz debido al lenguaje con el que se nombran y definen, que cuando no esconde deforma. Con la destrucción del lenguaje comienza el fin de los tiempos, decía Karl Kraus en Die Fackel (la antorcha). La función del lenguaje es nombrar debidamente la cosa nombrada, definirla, unirla a otras cosas. Pero esto hoy no pasa.
Por eso me gusta su padre sordomudo, Kader Abdolah, porque a él no le llegó la deformación del lenguaje, el caos de las contradicciones, las palabras que escondían otras.
A este hombre, que se nombraba Akbar, hubo que hablarle por señas, mientras él miraba a la boca y a los ojos. Y fue imposible mentirle. Quizá esta sea la metáfora de su libro: no más palabras. Gestos.
Kader Abdolah (su nombre real es Hossein Sadjadi Ghaemmadami Farahani) es físico de la universidad de Teherán y en la actualidad vive, en calidad de exilado, en Holanda; en un pólder. La física lo llevó al lenguaje poético y de aquí a la vida como deber ser; exacta. Huyó del totalitarismo y de los dioses políticos
| Por |José Guillermo Ánjel R. |
miércoles, 31 de octubre de 2012
Más que un deseo
Estos son mis deseos para vos en tu cumpleaños:
Uno: Deseo de todo corazón que puedas levantar tu mirada y ver más allá de tus circunstancias actuales, que esto te permita comprender que lo que eres hoy es la consecuencia de lo que has pensado y hecho en tu pasado, mas esto no define lo que serás en el futuro. Ojala puedas ver claramente cada oportunidad que la vida ponga frente a vos. Necesitaras visión como la ha necesitado cada persona que ha hecho algo sobresaliente en su vida, esa es la cualidad que va a hacerte destacar. Serás Diferente!!!
Dos: Deseo de todo corazón que encuentres tu propósito, tu ideal en la vida, y que luego vayas tras de él con todos tus sentidos hasta que lo hagas una realidad. Llegarás lejos!!!
Tres: Deseo de todo corazón que una vez que hayas enfocado tus esfuerzos en la realización de tus objetivos, tengas mucha fortaleza, que las dificultades te ayuden a forjar un carácter a prueba de todo. Que no decaigas nunca en tu esmero por seguir adelante y que con cada caída te levantes más fuerte, más decidida y que persistas hasta que lo hayas logrado y luego... comiences de nuevo... ya que la vida solo tiene sentido si siempre estamos persiguiendo una nueva meta. Serás Exitosa!!!
Cuatro: Deseo de todo corazón que sientas cada día arder en tu interior ese fuego que te impulse a hacer las cosas que no quieres hacer, pero que debes hacer, no es fácil salir de la rutina, no es fácil desprenderse de las masas, los viejos y a menudo malos hábitos trataran de atraparte y con sus engañosas promesas de gratificación instantánea pondrán a prueba tu valor, tu determinación y tu voluntad. Serás mas fuerte!!!
Cinco: Deseo que puedas tener la capacidad de sentir el dolor de los demás, de caminar en los zapatos de otros y recorrer sus caminos para que así puedas ser siempre portadora de esperanza y alivio para quienes necesiten un poco de luz. Serás inspiración!!!
Que tengas un muy bonito día de cumpleaños.
lunes, 8 de octubre de 2012
martes, 25 de septiembre de 2012
¿Como hacerte saber que siempre hay tiempo?
Como hacerte saber que siempre hay tiempo?
Que uno solo tiene que buscarlo y dárselo.
Que nadie establece normas salvo la vida.
Que la vida sin ciertas normas pierde forma.
Que la forma no se pierde con abrirnos.
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente.
Que no esta prohibido amar.
Que también se puede odiar.
Como hacerte saber que nadie establece
normas salvo la vida!...
Que el odio y el amor son afectos.
Que la agresión porque si, hiere mucho.
Que las heridas se cierran.
Que las puertas no deben cerrarse.
Que la mayor puerta es el afecto.
Que los afectos nos definen.
Que definirse no es remar contra la corriente.
Que no cuanto mas fuerte se hace el trazo mas se dibuja.
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio.
Que negar palabras implica abrir distancias.
Que encontrarse es muy hermoso.
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida.
Que la vida parte del sexo.
Que el porque de los niños tiene un porque.
Que querer saber de alguien no solo es curiosidad.
Que querer saber todo de todos es curiosidad malsana.
Que nunca esta de mas agradecer.
Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo.
Que nadie quiere estar solo.
Que para no estar solo hay que dar.
Que para dar debimos recibir antes.
Que para que nos den también hay que saber como pedir.
Que saber pedir no es regalarse.
Que regalarse es en definitiva no quererse.
Que para que nos quieran debemos mostrar quienes somos.
Que para que alguien sea hay que ayudarlo.
Que ayudar es poder alentar y apoyar.
Que adular no es ayudar.
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara.
Que las cosas cara a cara son honestas.
Que nadie es honesto porque no roba.
Que el que roba no es ladrón por placer.
Que cuando no hay placer en hacer las cosas, no se esta viviendo.
Que para sentir la vida no hay que olvidarse, que existe la muerte.
Que se puede estar muerto en vida.
Que se siente con el cuerpo y la mente.
Que con los oídos se escucha.
Que cuesta ser sensible y no herirse.
Que herirse no es desangrarse.
Que para no ser heridos levantamos muros.
Que quien siembra muros no recoge nada.
Que casi todos somos albañiles de muros.
Que seria mucho mejor construir puentes.
Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve.
Que volver no implica retroceder.
Que retroceder puede ser también avanzar.
Que no por mucho avanzar se amanece mas cerca del sol.
Como hacerte saber, que nadie establece normas, salvo la vida!...
D.Mario
Que uno solo tiene que buscarlo y dárselo.
Que nadie establece normas salvo la vida.
Que la vida sin ciertas normas pierde forma.
Que la forma no se pierde con abrirnos.
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente.
Que no esta prohibido amar.
Que también se puede odiar.
Como hacerte saber que nadie establece
normas salvo la vida!...
Que el odio y el amor son afectos.
Que la agresión porque si, hiere mucho.
Que las heridas se cierran.
Que las puertas no deben cerrarse.
Que la mayor puerta es el afecto.
Que los afectos nos definen.
Que definirse no es remar contra la corriente.
Que no cuanto mas fuerte se hace el trazo mas se dibuja.
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio.
Que negar palabras implica abrir distancias.
Que encontrarse es muy hermoso.
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida.
Que la vida parte del sexo.
Que el porque de los niños tiene un porque.
Que querer saber de alguien no solo es curiosidad.
Que querer saber todo de todos es curiosidad malsana.
Que nunca esta de mas agradecer.
Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo.
Que nadie quiere estar solo.
Que para no estar solo hay que dar.
Que para dar debimos recibir antes.
Que para que nos den también hay que saber como pedir.
Que saber pedir no es regalarse.
Que regalarse es en definitiva no quererse.
Que para que nos quieran debemos mostrar quienes somos.
Que para que alguien sea hay que ayudarlo.
Que ayudar es poder alentar y apoyar.
Que adular no es ayudar.
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara.
Que las cosas cara a cara son honestas.
Que nadie es honesto porque no roba.
Que el que roba no es ladrón por placer.
Que cuando no hay placer en hacer las cosas, no se esta viviendo.
Que para sentir la vida no hay que olvidarse, que existe la muerte.
Que se puede estar muerto en vida.
Que se siente con el cuerpo y la mente.
Que con los oídos se escucha.
Que cuesta ser sensible y no herirse.
Que herirse no es desangrarse.
Que para no ser heridos levantamos muros.
Que quien siembra muros no recoge nada.
Que casi todos somos albañiles de muros.
Que seria mucho mejor construir puentes.
Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve.
Que volver no implica retroceder.
Que retroceder puede ser también avanzar.
Que no por mucho avanzar se amanece mas cerca del sol.
Como hacerte saber, que nadie establece normas, salvo la vida!...
D.Mario
jueves, 23 de agosto de 2012
Qué hacer cuando las lágrimas no alcanzan...
Él está ahí, esperando. Quién sabe qué exactamente. Probablemente hasta él lo haya olvidado. Es muy fácil olvidar ciertas cosas cuando uno está en la calle. Olvida sus antiguos ascos, porque ahora forman parte de la vida diaria. Olvida sus antiguos miedos, porque ahora tiene que enfrentarlos cotidianamente. Y uno cae en el olvido. Pero hay ciertas cosas que permanecen grabadas en la memoria, marcadas a fuego, como las vacas. El sabor de una buena comida. El calor de un hogar, con una cama. El respeto demostrado por los demás cuando "se era alguien" y no una mera sombra. Un bulto.
¿El trabajo? Una ilusión. Al igual que el amor, la comida, un buen baño y el poder soñar con una vida mejor. Son fantasmas que se agitan cuando uno trata de dormitar, acomodado entre cartones, diarios, bolsas y por ahí, si uno tiene suerte, una manta vieja y un poco agujereada que no le sirvió más a alguien y fue abandonada en un container. Espectros que se ríen fuerte, bien fuerte, entre el soplido del viento frío de la noche, y que son los que no te dejan dormir.
¿Quién fue el idiota que dijo que la mirada de los desamparados está vacía, perdida, ausente? Que lo apedreen por ciego. Está viva, viva, viva. Triste. Obvio que uno quisiera llorar. Las memorias de la familia, de la casa, de los proyectos a futuro, son heridas que solo cierran cuando el cuerpo empieza a descomponerse en un solitario agujero que el municipio pagó, un modesto rinconcito donde hacer el descanso final. Pero uno sabe, si no desde el primer día, desde el segundo y los demás, que está más allá de toda lágrima. Se puede permitir una o dos, pero no más que eso, entre trago y trago, que es la mejor anestesia.Igual algunos preferimos no beber ni fumar. Es un gasto innecesario en un presupuesto limitado.
-¿No le gusta mi olor, señora? Está bien, a mi tampoco. Apesta. Es el olor de la desigualdad, ¿vió? Pero lo que peor huele, disculpe mi insolencia, es el olor a su hipocresía.-
¿Qué hacer cuando las lágrimas no alcanzan? Pues eso, sobrevivir.
"I Orce Siort Fader"
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