martes, 2 de abril de 2013

...

No sé cómo, no sé cuándo, pero sé de vos. Sé que una estrella nos espera y cuando ésta esté lista, nos ofrecerá su pecho. Amplio y suave. Vas a venir, esta vez vas a sonreír y vas a volar conmigo. Sobre las nubes o bajo el mar.

lunes, 11 de marzo de 2013

volvì

Hay un lugar al que hace mucho no iba. Hoy estuve ahí llenándome de sonrisas el alma, dejándome llevar por unas hermosas notas de guitarra, hasta llegar a la fascinación  Respiré profundo, cerré los ojos y al abrirlos estaba ante la inmensidad, el placer y los abrazos. Es un lugar al que ya me había olvidado cómo llegar y no recordaba que era tan placentero estar ahí. Es un lugar donde me olvido de lo que me desagrada, donde el sol entra a otro ritmo y no duele la existencia. Es un sitio donde ingresamos livianos, donde nos desprendemos en cada mirada y nos llenamos de emociones ajenas que vienen a revolver las propias. Hoy volví a ser vulnerable. Hoy se detuvo el tiempo, se me agrandó el corazón y se me agitó el pecho. Hay muchos muchos rincones de ese lugar llamándome y ya no voy a seguir tan ciego. Ahí quiero estar. Yo también quiero ser parte.

martes, 26 de febrero de 2013

Un lugar

Quiero encontrar un lugar. Un lugar donde las cosas marchen bien, donde no me sienta agobiado por tanta espera. Pero sabes que yo no puedo solo, por eso quisiera que me ayudaras. Me ayudaras a reconocer los colores que hacen a otros colores y que yo aprendo, como aprendo de su risa.
Quiero que me ayudes a inventar ciudades del futuro y que nos  olvidemos del abecedario por escuchar de sus mundos desconocidos.
Por favor curame de estos mareos de pesadumbre. Salpicame coraje y algo de ternura. Dame la  mano hasta el final de la noche, y haras que se me derrame algo adentro. Quiero hacerte poemas nuevos o robados, quiero inventarte en cuentos el país donde quepan sus ojos que saben sonreír y decirte que no conocía la paz. Y que gracias. Por sus manos, envolvedoras de las mías, sus manos que hacen la paz.

lunes, 11 de febrero de 2013

Hasta cuándo ?

Intentando encontrar  el tan deseado equilibrio. Yo  no sé  hasta cuando vaya durar esto. Lo único que se es  que hace mucho tiempo que no encuentro paz, que esta ciudad me absorbe. Algo extraño me habita y no sé cómo llegó, ni cuándo, ni por que no se va. Siento que me ahogo un poco más cada día, que necesito terminar con esta agobiante situación , salir ... 
 Tendré que seguir buscando, porque en algún lugar del camino me he perdido, y ya no sé quién soy, ni qué demonios hago aquí. Y me echo de menos, vaya que si me echo de menos. Quiero de vuelta a el verdadero Carlos.

lunes, 28 de enero de 2013

Intento


       "Intento entenderte como tú te entenderías, pero es que ya nos parecemos al punto de no hacerme falta porque a los dos nos han hecho regalos.
      Intento entenderte porque yo también me he meado fuera de la taza, he bostezado con alguna alegría y a mi también me tiemblan las piernas cada primer día. Yo también he llorado miedos, yo también me quedo secretos, yo también te quiero.
       Intento entenderte, porque yo también me escondo, también pasé hambre y no se lo dije a mis padres, yo también he hecho daño y mis heridas también sangran, pero tengo una piel de mierda que cicatriza tarde. Yo también... tampoco sé qué hacer y en un segundo me lleno de mierda otra vez y yo también me bloqueo.
      Intento entenderte, a pesar de que yo también engañé, lo olvidé, me quedó mucho peor que en mi boceto mental, y cada uno mueve el mundo en su manera circular.
Intento entenderte, porque yo también echo de menos, a la vez que también me abrazo a la presión.
        Yo también me quedo a cuadros con el ambientazo del mundo. Yo también, madre mía, ¡yo también lanzo sonrisas al aire! porque yo también quiero dejar de huir.
Intento entenderte, porque confío en ti también. Yo también creo en las personas y odio lo de los personajes.
       Intento entenderte porque a mí también me balancean la justicia y la suerte, y a mí también me jode este instinto animal aburrido; a mí también me parece un coñazo estar mal pudiendo estar todo en su sitio.
      Intento entenderte, porque yo también -y te lo dije- que a mí también me abruma el cúmulo de arte y estoy muerta y pinto sombras. Yo también odio la palabra 'yo' cuando está claro que estamos todos en fila como si fuéramos números que van en hilera, porque a mí también me han colocado en el medio, y la última y la primera. Pero también quiero la felicidad universal y aprender corriendo, y también me jode equivocarme demasiado en esto de entendernos. Todos, en lenguaje universal, concéntricos hacia la espiral, hacia respirar ese instante en el que al menos todos lo intentemos.

Intento entenderte, de verdad que quiero,...pero con esa actitud, no puedo."

|Patty de Frutos|

jueves, 24 de enero de 2013

Si a veces...


Si a veces te preguntas donde estoy porque no estoy a tu lado, compartiendo con vos escuchándome cantar (aun arriesgándome a hacer llover).
   Y ahí sentada algunas veces deseas que lloviera e imaginas a los dos bailando mientras somos salpicados por un millón de gotas de lluvia que se van clavando en cada rincón de nuestro cuerpo .Quizá después empiezas a pensar en que cuando me abrazas sientes que algo llega tan de adentro que es imposible explicarlo. Es como si algunas veces me quisieras y otras no tanto. Me dices lo difícil que es para vos dejarse  conocer .
   Y yo te digo que es fundamental para mi encontrar en alguien valores, educación, feminidad e inteligencia. Sin embargo aguardare con la paciencia de los santos a esa persona de grandes valores, para poder con toda convicción  decirle  que  quiero,  ser el que te agarre fuerte la mano si viene el miedo a robarte todos tus sueños. Ser el apoyo  incondicional. Ser con quien te  sientas segura y protegida. Ser ese lugar donde ya no sientas más tristeza.
   Si a veces te preguntas donde estoy si no me ves, si no me sientes, si no me encuentras.
Entonces surjo yo para recordar que nunca me he ido es que solo estaba con todas esas ganas de inmensas de romper ese mundo que no me gusta. En busca de la ciudad más grande de todas para quedarse allí .Donde las personas no sean crueles ni egoístas .una ciudad con balcones pequeñitos donde ver las estrellas por las noches .una ciudad donde todavía exista ese brillo especial en los ojos de la gente y esas sonrisas de las cuales estoy seguro viviría el tiempo que fuese necesario.
                                                                                                                                          

jueves, 3 de enero de 2013

Extraño

   Extraño mi libertad incondicional. Extraño salir una tarde y encontrarme con 3 amigos distintos en un mismo día. Extraño ir de acá para allá y que nadie pregunte. Extraño esa acampada, no tanto por el lugar, sino por la gente que me acompañaba siempre, por los rituales previos, por ir caminando, esperar a los otros en la puerta, bailar, conocer, volverse caminando con el sol en la cara y la sonrisa brillando.
    Extraño que sean las 6 de la mañana y estar plácidamente, terriblemente cansado pero tan feliz que no importa. Extraño que ella me trate bien (hoy). Extraño no tener que dar explicaciones por todo. Extraño caminar por la calle de noche, sin rumbo. Extraño terminar noches desayunando. Extraño las llamadas telefónicas diarias, de horas (sobre el mismo tema) y extraño sus cafés. Extraño a mi otra amiga la que está estudiando todo el día. Extraño eso que quisiera hacer.
   Extraño subir a una buseta en la noche, para ir o volver de algún lado (generalmente ir) donde nadie sabía que estabas. Te extraño. Extraño tener ganas de llorar por estupideces (cuando los motivos reales aparecen, uno llora y no tiene más ganas, simplemente llora).   
    Extraño juntarme con ellos o ellas cualquier noche en cualquier casa y sentir que no hay nada en el mundo que te afecte (sobre todo estas vacaciones). Extraño que mi mamá me sonría y esté genuinamente feliz por mí. Extraño tener ganas de tocar el bajo (porque voy a aprender a tocar el bajo) todo el día. Extraño las juntadas y salidas con toda esa gente que me hace bien. Extraño el secreto, el que nadie supiera nada. Extraño la inexistencia de miradas juzgadoras y de silencios incómodos. Extraño la confianza de mi mama.
     Extraño tomar café con leche con mi tía. Extraño tener ganas de hablar horas y horas con alguien, simplemente por hablar, por sonreír. Extraño tener ganas. Extraño la satisfacción de sentirme útil o de ayuda para alguien. Extraño. Mi vida.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El buen perdedor

   Lo primero es no tratar de entender porqué se pierde.
No es importante: un buen perdedor sabe que nunca sabrá lo que hizo mal y, si lo supiera, poco importaría pues uno sólo puede hacer una y otra vez eso que hace, eterna e irremediablemente. De otra forma, uno no sería uno y sería tal vez el almacenero de la esquina, un instructor de esquí o corredor de bolsa.
   Lo segundo es hacer todo lo posible por entender cabalmente, ahora sí, que se ha perdido algo. No hace falta ponerse melodramático, es posible tomarse una pérdida como un café por la mañana, ese que nos despierta del sueño. Tómeselo en serio pero nunca se lo tome a pecho: perder, lo que se dice perder, perdemos todos. La calle está llena de perdedores y de cosas perdidas que nadie reclama, los bolsillos se acostumbran a ciertas faltas y las manos, tarde o temprano, también.
   Sepa que lo que se le ha perdido no volverá porque es imposible recuperar intacto un olor, un momento, una sensación. Perder es, de alguna manera, firmar un contrato con el tiempo, uno en donde alegamos saber que él siempre pasará y que, en ese sencillo acto de transcurrir, ya se habrán perdido cosas. Los calendarios y los relojes son máquinas de ir perdiendo.

   El buen perdedor puede estar triste: saber perder no implica hacerse un nudo la pena y caminar anestesiado sin sentir ni el viento que despeina. Un buen perdedor se entristece porque la tristeza es la plena conciencia de la irreparable naturaleza de su pérdida. Lloriquea, berrea y maldice porque así es como se expresa la falta y el fracaso. Ocurre que es un perdedor en el gran sentido de la palabra, porque ha sido derrotado y porque se quedó sin algo, algo perdió, hay algo que ya no tiene.
   No se consuela pensando en que hay muchas cosas que ganó. Chocolate por la noticia, claro que sí, pero eso no importa. Ningún perdedor piensa en eso, la lista de lo ganado suele ser corta, trivial y totalmente vana a la hora de lo perdido. Para un buen perdedor sólo existe lo perdido y pensar en el vaso medio lleno sería como faltarle el respeto a ese dolor que tanto lo aqueja, el mismo que una vez fue intento, el que fue amor y empeño en cuidar lo ahora perdido.
    Por eso es que no hace tratos hipócritas con la alegría. No se cree ni por un minuto eso de distraer su nube negra con licores y carcajadas. Por mucho que le encanten, por más que la felicidad haya sido siempre su deseo más viejo y menos secreto, el perdedor que acaba de perder no puede dedicarse a ella.
    Sabe muy bien que perder algo es no encontrarlo más allá donde solía estar, y que eso quiere decir que hay un lugar vacío, que hay un hueco en alguna parte. Y piensa que, aunque más no sea por honrar a esa persona que era antes de haber perdido, no puede ni debe creerse el cuento de la curita feliz. Al fin y al cabo, el buen perdedor es una persona con algo de mundo encima y entiende que toda pérdida (buscada o involuntaria) es, en definitiva, una ausencia, y que ninguna ausencia debería pasar desapercibida en la vida de nadie.
   Entiende que no es tan trágico, que hay cosas que se le pierden a él sin que eso implique que se le pierdan al mundo. Intenta sentirlo todo en su justa medida y piensa en lo que se ha perdido en su mundo, en lo que le falta. No le importa saber que perder no es como matar o morir. Él sabe que, mientras tanto, también hay cosas encontrándose constantemente, porque así es como se mueve el mundo, esos son los cambios que nos hacen girar, que nos hacen vibrar.
   Lo cierto es que lo que se ha perdido, perdido quedará. Buscarlo ya no es una opción.
Y ésa es la dura realidad a la que todo buen perdedor termina por enfrentarse.
Le duele en el alma, porque es una persona que no sabe casi nunca 'hacer como si nada', pero no puede más que sacudirse el mal tiempo y tratar de perder como el mejor.

El buen perdedor hace lo posible por no seguir perdiendo. Por eso se ata, bien atada, la cordura, las certezas, los buenos sueños. Perder le sirve para abrazarse a lo imperdible, para distinguir lo que, de faltar, le quitaría el oxígeno, y para convencerse de que a veces es mejor perder que perderse.
    Un buen perdedor es, por horas, una canción y una cachetada, es un beso amargo, es una puñalada que acaricia. Es una mezcla de cosas que no se acomodan, hasta que por fin se acomodan. Es un espacio indefinido, como las mismas ausencias, que con tanta fuerza está aún cuando no está en ningún lado.
    El buen perdedor es un caos porque así es como se aprende a perder.
Y después del caos, es una lluvia finita, una hoja blanca y un día sin estrenar.


lunes, 3 de diciembre de 2012

Una burla del destino

   "Estar contigo es saber que puedo cerrar los ojos cada vez que lo necesite, que cuando los abra seguirás dispuesta a mirarme como si fuésemos el centro del mundo. Que sabes cuando necesito estar solo y tragarme las lágrimas, que a veces las cosas no son fáciles, que los muros se echan encima del castillo y ni siquiera quedan ventanas por las que trepar.
    Que a veces voy cerrando puertas a mi paso sin importar todo lo que quede fuera. La vida me ha enseñado que nunca sabes cuando vas a perder a alguien, que no existe forma alguna de prepararse para eso, que hay algunas cosas que el tiempo no cura, solo las entierra para que salgan cuando menos lo esperas. Que ahora que estás aquí todo es mucho más dulce, y hay tantas ventanas abiertas y tantas cosas bonitas por disfrutar que el solo hecho de pensarlo dos veces asusta más que nada en el mundo. Y es cuando vuelvo a encerrarme otra vez, sin saber por qué ni como salir. Pero sé que mis pasos están aquí, muy cerca de los tuyos, por algo.
    Y espero que se queden el tiempo suficiente para demostrarte que te quiero, y que aunque queden monstruos viviendo al otro lado de la cama, ya hemos  matado tantos que puedo dormir sonriendo (aunque no siempre sea el que más haga). Que si tu estás dispuesta a luchar, yo te sigo. Que yo también puedo matar monstruos por ti, solo si tu me dejas."