Anoche me quedé pensando en eso de que suelo conformarme. No sé si con mucho o con poco. Ni siquiera sabría decir si es conformismo. Tampoco es que aspire a poco, para nada, no tiene nada que ver con eso, es casi todo lo contrario. Creo que tiene que ver más con el hecho de que soy (y no siempre fui) una persona que valora terriblemente las pequeñas cosas -y no en el sentido poético cliché, sino en el más literal de pequeñez y fragilidad-, y tengo cierta reticencia a estirarlas, forzarlas, agrandarlas, pedirles demasiado, por miedo a que se rompan o se desgasten (muy pronto). Más que miedo, es casi un cálculo, una estimación, aprendido a prueba y error, claro, como todo. El punto es que no quiero esperar nada, ni pensar en lo que me falta tener, ni salir corriendo a buscar lo que me falta tener(¿ o si?), ni desesperar pensando en cómo llenar la otra mitad del vaso. Por ahora, no

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