Querido y ahora reconocido General Lucas, esta semana he leído sus Memorias de la guerra de los mil días. Y si bien a los perdedores (usted hacía parte del bando liberal) hay que creerles poco por aquello de que escriben más novelas que historia, lo cierto es que en su documento hay datos serios sobre el desorden que alimenta nuestro país, siempre en guerra. No creo que haya una generación que desde la conquista haya tenido noción de una paz completa. Ataques, saqueos, violaciones, corrupción, desplazamientos, magnicidios, se esconden bajo ese lema ideal de Libertad y Orden, palabras éstas que no hemos podido entender todavía. Y no porque sean complejas sino debido a la falta de una voluntad política que cree una idea concreta de país. En otras palabras, no hemos tenido patria, si entendemos por patria aquel lugar donde yo me siento seguro porque hay bien y futuro. Su libro, respetado General, habla de los ejércitos liberales enfrentados a los ejércitos conservadores, en una guerra civil iracunda en la que las armas brotaron de la nada, así como brotan los tiples cuando hay fiesta (esta última frase es de la introducción), al igual que los capitales que sostuvieron la contienda. Ya se sabe que las guerras tienen que ver más con economías que con ideas y, como pasa, las ideologías finalmente se convierten en conveniencias. Y esa guerra de los mil días, que ganaron los conservadores, sólo fue el preámbulo a la violencia (de nuevo otra guerra civil) de los años 50, en pleno siglo XX. Parodiando a Eric Hobsbawm, la guerra que usted narra nunca se detuvo sino que fue una guerra larga, con un intermedio que permitió el rearme y unos odios enfermos y peores. Yno sé qué pueda ser ahora, querido General Lucas Caballero. La guerra sigue en el campo, la selva y las ciudades, no ya con la intensidad de la batalla de Palonegro (que duró 15 días con sus noches y terminó siendo un sembrado de sangre), sino en pequeños hechos que parecieran no definir nada pero, por ley de caos, se unen y generan una gran confusión. Y es que hay algo peor que la guerra y es el estado de alerta, que en lugar de seguridad crea todo tipo de enfermedades mentales, polarizaciones, imaginarios atroces y una intolerancia terrible que destruye cualquier posibilidad de equilibrio. En la película Bura Bura, la espera en Bosnia crea lo que después se manifestó en las atrocidades de la guerra de los Balcanes. Es que imaginar lo terrible que puede pasar despoja al hombre de toda humanidad.
Lucas Caballero, General de los ejércitos de Rafael Uribe Uribe, en la guerra de los mil días. Escribió sus memorias en 1938, en un momento en que se hablaba de paz. Pero antes que tratado de historia lo que escribió fue más una especie de profecía. Yesto es lo asustador
| Por |José Guillermo Ánjel R. |
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