| Por |José Guillermo Ánjel R. |
martes, 25 de enero de 2011
A Schmitt
Querido y divertido Eric- Emmanuel, el año pasado, en estado de urgencia emocional (la lectura nos termina salvando de todo), leí una obra de teatro suya titulada Pequeños crímenes conyugales. La historia es simple: un hombre pierde la memoria en un accidente y regresa a casa donde, a pesar de lo que ve y siente, no logra saber quién es. Así que su mujer es la encargada de reeducarlo para que vuelva a recuperar su estado de realidad. El juego es interesante: la mujer tratará de crearle una historia de acuerdo con sus intereses. Y él tratará de ajustarse a esos intereses, haciéndose muchas preguntas. Tantas que finalmente descubre que no ha perdido la memoria sino que busca saber cómo quiere su mujer que sea él, lo que lleva a una serie de encuentros de todo tipo (buenos y malos), ya que la realidad no es un deseo sino un estado invariable en el que las situaciones se dan como son y no como queremos que sean. Total, en la comedia, salen a flote las miserias que escondemos. La comedia, para los griegos, es una burla a los errores que cometemos, en especial el Estado que pierde la noción de lo real cuando se rodea de mentiras e ilusiones. Ya através de esa burla (de un tercero que ve sin tomar partido) podríamos corregir el error. Claro que la comedia no se compromete con la cura del error persistente y menos con la mentira que busca ser verdad y se defiende argumentando de manera cada vez más risible. En otras palabras, la comedia no cura la mala comedia. Yen este punto, Eric Emmanuel, nos situamos en estas tierras de la pérdida permanente de memoria, memoria que realmente no se ha perdido sino que cada vez es más ignorante. Si la memoria se miente a sí misma, como la anciana que se ve hermosa cubriéndose las arrugas con las manos, ya es fatal. Los pequeños crímenes conyugales son esas acciones simples y desnudas, que nos evidencian cada tanto, así tratemos de guardar las apariencias o de mentir descaradamente para que la verdad no se manifieste. El problema es que, como las burbujas dentro del agua, siempre salen a flote. Nada queda en silencio, nada que contenga gas se hunde, todo finalmente se sabe y, querido Eric-Emmanuel Schmitt, el ridículo se toma la palestra, cuando no es la justicia la que actúa. La farsa de hoy es el juicio de mañana, así la memoria esté enferma. Y no es una profecía decir que lo de hoy será visto más grande mañana. La historia, como los microscopios electrónicos, mostrará fisuras, plagas, deformidades, puntos mal unidos, etc. Y no valdrá de nada lo que se diga: la construcción estará presente. Eric-Emmanuel Schmitt, filósofo, novelista y dramaturgo. Nació en Lyon (Francia) en 1960 y su especialidad es la literatura amable sobre lo terrible. Y lo terrible no es una gran tragedia sino la suma de pequeños errores cotidianos que finalmente hacen metástasis. Basta leer La Marcha Radetzky de Joseph Roth.
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